[el último viaje de Nita a su hogar]
No deja de darme nostalgia ver como un medio (asi como tantas otras cosas) deja de ser cotidiano en la vida.
A fin de cuentas es eso, un registro de vida, de momentos, de expresiones. Un registro exacto con fechas y horas gracias a lo cual puedo remontarme instante exacto en que se cruzaron no nuestras miradas, sino nuestras letras tras una imagen. Había búsqueda tras cada palabra...había magia.
Esa magia fué queriendo poco a poco transformarse en conjuro real y asi, llego el día en que las letras en la pantalla tuvieron forma real, humana. Llegó el día en que pudimos mirar tras nuestras cortinas al actor...y hubo tono, tacto y calor.
Como presagiando algo, en un principio el hermetismo rechazaba los encantos. Había temor, había decisiones y un reloj de arena dejando caer lentamente sus granos...artefacto implacable que estigmatizaría todo, y que bautizaría de Requiem a todo lo que viniera en adelante.
Burlándose de ese tiempo que trajo desfazadamente a la vida a dos seres y de el implacable reloj, las letras dieron paso a los diálogos, a las sonrisas, a las miradas y a los lugares. No eran solo dos ojos tras las cámaras, sino cuatro o más. Ya no eran imágenes para darse a conocer...sino para recordar. Eran imágenes evocadoras, que decían más que las palabras, eran imágenes subliminares y celosas de su verdad.
El tiempo pasó y las horas compartidas fueron dando frutos, creando vocabularios, gestos, complicidades...pero sobretodo dieron a luz sentimientos, sentimientos muy temerosos en un principio, pero tan fuertes y reales al final que rozaron en la terquedad. Tan intensos que aún persisten, tan sinceros que se niegan a morir aplastados por deslices sin razón...errores tan humanos que son imposibles de juzgar por otro que se haga llamar humano.
Todo conformaba una verdadera oda a lo extraordinario, lo que cualquiera hubiese soñado y deseado. El momento fuera de la normalidad, el momento que me atrevo a nombrar como "único" en la vida. El momento en que el enfermo terminal descubre la vida antes de ser desconectado.
Sin embargo lo que se anunciaba desesperadamente tras los deseos alejados tenía intenciones severas. Quería entre otras cosas liberar el tesoro oculto. Qué se puede esperar cuando existe tanta terquedad como intensidad? Qué se puede esperar cuando lo ilógico se torna dueño de pensamientos y actos?
Es ilógico, es absurdo...era bello y maravilloso.
Es fuerte, es terco...era único e irrepetible.
Par de canes de apariencia idéntica pero de esencias tan distintas... grande, duro y vacío...pequeña, blanda y rellena...atrapado en un recinto...recorriendo el mundo...
Lo que más queremos está muchas veces en nuestro anverso en lo que no podemos ser o tener. Pero exsiten momentos en la vida en que los extremos se encuentran...con consecuencias tan bellas como estas.
Y dejo estas lineas aqui, donde pertenecen, el inicio y fin.A fin de cuentas es eso, un registro de vida, de momentos, de expresiones. Un registro exacto con fechas y horas gracias a lo cual puedo remontarme instante exacto en que se cruzaron no nuestras miradas, sino nuestras letras tras una imagen. Había búsqueda tras cada palabra...había magia.
Esa magia fué queriendo poco a poco transformarse en conjuro real y asi, llego el día en que las letras en la pantalla tuvieron forma real, humana. Llegó el día en que pudimos mirar tras nuestras cortinas al actor...y hubo tono, tacto y calor.
Como presagiando algo, en un principio el hermetismo rechazaba los encantos. Había temor, había decisiones y un reloj de arena dejando caer lentamente sus granos...artefacto implacable que estigmatizaría todo, y que bautizaría de Requiem a todo lo que viniera en adelante.
Burlándose de ese tiempo que trajo desfazadamente a la vida a dos seres y de el implacable reloj, las letras dieron paso a los diálogos, a las sonrisas, a las miradas y a los lugares. No eran solo dos ojos tras las cámaras, sino cuatro o más. Ya no eran imágenes para darse a conocer...sino para recordar. Eran imágenes evocadoras, que decían más que las palabras, eran imágenes subliminares y celosas de su verdad.
El tiempo pasó y las horas compartidas fueron dando frutos, creando vocabularios, gestos, complicidades...pero sobretodo dieron a luz sentimientos, sentimientos muy temerosos en un principio, pero tan fuertes y reales al final que rozaron en la terquedad. Tan intensos que aún persisten, tan sinceros que se niegan a morir aplastados por deslices sin razón...errores tan humanos que son imposibles de juzgar por otro que se haga llamar humano.
Todo conformaba una verdadera oda a lo extraordinario, lo que cualquiera hubiese soñado y deseado. El momento fuera de la normalidad, el momento que me atrevo a nombrar como "único" en la vida. El momento en que el enfermo terminal descubre la vida antes de ser desconectado.
Sin embargo lo que se anunciaba desesperadamente tras los deseos alejados tenía intenciones severas. Quería entre otras cosas liberar el tesoro oculto. Qué se puede esperar cuando existe tanta terquedad como intensidad? Qué se puede esperar cuando lo ilógico se torna dueño de pensamientos y actos?
Es ilógico, es absurdo...era bello y maravilloso.
Es fuerte, es terco...era único e irrepetible.
Par de canes de apariencia idéntica pero de esencias tan distintas... grande, duro y vacío...pequeña, blanda y rellena...atrapado en un recinto...recorriendo el mundo...
Lo que más queremos está muchas veces en nuestro anverso en lo que no podemos ser o tener. Pero exsiten momentos en la vida en que los extremos se encuentran...con consecuencias tan bellas como estas.
[Fotografía: Dena Villanueva - las manos compradas una mañana en un pasaje santiaguino]
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